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Formar parte de los mejores alumnos gracias al aprendizaje de lenguas antiguas

Publicado por Leyla, el 05/03/2018 Blog > Apoyo escolar > Latín > La Importancia de una Formación Humanista

Según un artículo publicado el 26 de abril de 2017 por el diario El Mundo, “España es el segundo país con la tasa de abandono escolar más alta de la UE. Casi el 19 % de los jóvenes de entre 18 y 24 años han abandonado prematuramente el sistema educativo habiendo completado como mucho el primer ciclo de Secundaria (la ESO) y no habiendo recibido ningún tipo de formación en el último mes. Esta tasa sólo está superada por Malta (19,6%) y se sitúa muy por encima de la media europea (10,7%), según los datos de Eurostat”.

Una estadística preocupante: cada vez son más los jóvenes que abandonan la escuela de forma prematura sin haber validado ningún diploma.

Según un estudio del sociólogo Français P. Bourdieu (1930-2002), la institución escolar reproduce y confirma las desigualdades económicas y sociales, ejerciendo una “violencia simbólica” sobre los jóvenes y valorizando una cultura burguesa alejada de la realidad de los niños procedentes de las clases populares.

Un proceso de dominación social que conduce según él conduce a estos últimos al fracaso y favorece el acceso de los alumnos procedentes de las clases más favorecidas a los estudios superiores.

Desde la perspectiva de este análisis, la enseñanza de lenguas antiguas y por tanto la elección de la asignatura de Latín en 4º de la ESO, es desde hace tiempo una estrategia llevada a cabo por los padres de las clases más favorecidas para “situar” a sus hijos entre los buenos alumnos y en las mejores clases.

Saber latín reviste una dimensión noble, un prestigio vinculado a una erudición que los individuos, herederos de una clase social privilegiada, valorizan como una herramamienta de distinción social.

¿Este hecho sigue siendo una realidad hoy en día? ¿Aprender Latín -y de forma más general las letras clásicas, como el griego antiguo- está reservado a los herederos de la élite social, embajadora de la cultura, la erudicción y detentora de todos los capitales culturales?

Superprof trata de responder esta cuestión: ¿cuál la importancia de recibir una educación humanista?

Historia de la enseñanza del latín en España

El latín es uno de los pilares de nuestra propia lengua y de nuestra cultura. Nos gustaría citar aquí las palabras de Cristóbal Guzmán aparecidas en el periódico El País: “No hace falta atrincherarse en argumentos literarios para comprender la envergadura e influencia del mundo clásico en nuestros días”.

La justificación de la enseñanza del Griego y el Latín en España, muy en particular en la ESO y el Bachillerato, no puede ni debe formularse en términos de su utlidad para el futuro laboral de los alumnos, sino por su importancia en la fase formativa que representan estos niveles educativos (…)”, Manifiesto de Madrid 2017. SEEC (Fundación Pastor)

En España, desde el Renacimiento  el periodo Humanista -siglos XV y XVI-, el aprendizaje del latín estaba reservado a los hijos de la élite social, a la nobleza y a los eclesiásticos.

La titulación en latín de obras científicas, aunque sus textos fueran en lengua vulgar, se siguió utilizando hasta el comienzo del siglo XX. Rosa, rosa, rosam, rosae, rosa… Rosae, rosae, rosas, rosarum, rosis, rosis. Aprender la declinación latina en sigular y plural era, antiguamente, un indicativo de pertenencia a la alta sociedad.

La lengua latina, debido a su poder e influencia –herencia de la civilización romana, su impacto cultural y lingüístico en Europa como lengua al servicio de la enseñanza, de las ciencias, de la erudicción y de la cultura general-, era vista como un medio que hacía posible el ascenso social.

Una minoría procedente de los rangos de la élite social (los hijos de familias desfavorecidas no tenían por entonces acceso a la enseñanza secundaria) seguían una formación en Griego antiguo y Latín -siendo ambas lenguas muertasipso facto con el objetivo de alcanzar las mejores posiciones sociales de la época.

Por el contrario, la mayoría de la población -una armada industrial de indigentes o de trabajadores- se veían privados de una formación en lenguas europeas.

Aprender el vocabulario griego o latino era por tanto el resultado de una lucha de clases sociales que algunos consideran aún vigente hoy en día: el aprendizaje de lenguas antiguas puede ser considerado como una estrategia de los más favorecidos para integrar los mejores colegios.

Aparición de nuevos métodos activos de aprendizaje de lenguas. Los detractores de la enseñanza de lenguas antiguas dirán que para hacer el cálculo de la potencia o medir el rendimiento de un motor, no hace falta saber conjugar los verbos latinos.

Durante las décadas de los 80 y 90 se aprobaron la Ley de Reforma Universitaria (1983) y la LOGSE (1990), con la que implantaba la prolongación de la Enseñanza Secundaria Obligatoria de los 14 a los 16 años.

Hasta entonces, la enseñanza del Latín y el Griego en la universidad se restringía a la especialidad de Filología Clásica y a las Facultades de Filosofía y Letras.

Con la aprobación de la LRU, el Latín pasaba a ser materia troncal en todas las Filologías de Lenguas Romances y se abría la puerta a que cada universidad adoptara una mayor carga de horas lectivas de dicha asignatura como materia obligatoria u opcional.

En lo que respecta a la Educación Secundaria, la implantación de la ESO hasta la edad obligatoria de 16 años supuso la desaparición de un curso de latín obligatorio para todos los alumnos. Para contrarrestarlo, se creó una asignatura llamada Cultura Clásica que se ofrece obligatoriamente en todos los centros públicos como asignatura optativa en la última etapa de la ESO.

En Bachiller, tan solo los alumnos que cursan el Bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales estudian Latín, lo que supone que el alumnado que accede a esta enseñanza humanista que da acceso a una amplia cultura que supone la base de nuestra civilización, se ha reducido del casi 40 % de alumnos al 11 % actual.

Fuente: Antonio Alvar Ezquerra, Universidad de Alcalá.

El estudio de la lengua latina -mitología, historia del Imperio Romano, lectura de textos antiguos, de grandes autores como Ovidio, Séneca, Cicerón, Horacio, Tito Livio o Plauto, etc.- pierde progresivamente su influencia.

No obstante, la elección de una cultura humanista es también una estrategia social para acceder a las mejores clases y mejorar el conocimiento de nuestro propio idioma.

El estudio del latín, ¿una elección relacionada con el origen social?

Conocer el vocabulario latín era visto en otros tiempos como una manera de ascender a la élite económica, política y social.

Hay Comunidades en las que el latín figura como optativa en itinerarios que no son de Humanidades. En la Roma Antigua, también existían numerosas clases sociales.

Hoy en día, el latín es considerado como una puerta abierta que facilita el dominio de numerosas lenguas o la profundización en nuestra propia lengua materna.

En Francia, los últimos estudios realizados revelan que la elección del latín en la escuela sigue siendo una elección vinculada con el origen social y el nivel escolar de los alumnos.

Se observa que el 23 % de los alumnos en edad escolar eligieron la asignatura de latín. Un estudio llevado a cabo por la Dirección de evaluación, prospectiva y rendimiento (DEPP) concluye que “los niños procedentes de las clases favorecidas y aquellos que obtienen buenos resultados escolares son los que optan en mayor medida por el latín”.

Según dicho estudio: el 44 % de los alumnos latinistas son hijos de profesores, el 39 % son hijos de dirigentes y profesiones intelectuales superiores, mientras que solo el 15 % de los latinistas son hijos de obreros.

Constatamos por tanto que el origen social y el nivel escolar tienen una estrecha relación con la elección de orientación hacia el estudios de la bella lengua latina.

Empíricamente, esto se explica también por una distribución de la disposición adquirida desigual y de prácticas culturales diferentes: el hijo de un docente o de un profesor de lengua estará más acostumbrado a visitar los museos, a la lectura de diferentes géneros literarios, tendrá una mayor disposición a asimilar una cultura amplia que un niño procedente de un medio social popular.

El interés por la cultura o la historia es menor entre las categorías sociales más desfavorecidas.

La lengua latina en nuestra sociedad

¿Quién se acuerda de la primera declinación latina o de un verbo latino después de sus estudios universitarios?

Historia y Cultura clásica en la ESO. En agosto del año 79 de nuestra era, el Vesubio sepultó a varios centenares de personas: es el fin de Pompeya.

Los padres siempre quieren que en un futuro sus hijos disfruten de una mejor posición social que la suya: por tanto, harán todo lo posible para que su progenitura trabaje duro y obtenga buenos resultados escolares.

No obstante, contemplamos un fenómeno de pérdida de categoría social en nuestros días: la paradoja Anderson.

A pesar de una inflacción de diplomas y del desarrollo de la precariedad, incluso aun teniendo un nivel de instrucción superior al de los padres no es garantía de una movilidad intergeneracional ascendente (es decir, tener una mejor situación que los padres).

De ahí que algunos padres consideren las ventajas de la opción del latín en la escuela: si se aprende la historia de Pompeya o el léxico latín, a hacer traducción latina, a veces es con vistas a una utilidad futura al considerar los innegables beneficios que conlleva este tipo de formación humanista.

 

 

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